«A través del proceso sinodal, el Espíritu ha suscitado la esperanza de una renovación eclesial, capaz de revitalizar las comunidades, para que crezcan según el estilo evangélico, en la cercanía a Dios y en la presencia de servicio y testimonio en el mundo. […] La Iglesia está llamada a ser un canal privilegiado para que el agua viva del Espíritu pueda llegar a todos».»