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¿Cómo podemos ser una iglesia sinodal en misión?

Prólogo
«Afirmamos que la Iglesia, más que tener una misión, es ella misma una misión. «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo» (Jn 20,21): la Iglesia recibe su propia misión de Cristo, el Enviado del Padre. Apoyada y guiada por el Espíritu Santo, anuncia y da testimonio del Evangelio a quienes no lo conocen o no lo aceptan, con una opción preferencial por los pobres que hunde sus raíces en la misión de Jesús. De este modo contribuye al advenimiento del Reino de Dios, del que «es semilla y principio» (cf. LG 5)» (Informe resumido de la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos [RoS], 8a). Crecer como Iglesia sinodal es un modo concreto de responder, todos y cada uno juntos, a esta llamada y a esta misión. Los hermanos y hermanas que participaron en las reuniones sinodales, y en particular los participantes en la Primera Sesión, tuvieron una experiencia concreta de la unidad y la pluralidad de la Iglesia. Incluso en una época como la nuestra, marcada por crecientes desigualdades, amargas polarizaciones y una continua explosión de conflictos, la Iglesia es en Cristo signo e instrumento de unión con Dios y de unidad entre los hombres, y está llamada a ser cada vez más visible. Escuchando al Espíritu Santo, acogiendo el testimonio de la Escritura y escrutando con fe los signos de los tiempos, puede armonizar las diferencias como expresión de la riqueza inagotable del misterio de Cristo. La experiencia del Sínodo como práctica de la unidad en la diversidad representa, por tanto, una palabra profética dirigida a un mundo que lucha por creer que la paz y la armonía son posibles.

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